Todo empezó con una pregunta incómoda: ¿por qué el que vende más no siempre es el que mejor habla, sino el que habla con más gente?
Miramos qué hacían distinto los que sí facturaban. Y no era el guion, ni el producto, ni la suerte. Era el volumen con calidad: hablaban con muchísima más gente, y llegaban a esa gente después de haber interactuado con ella. No caían de la nada.
El descubrimiento fue simple: si primero sigues, das like y comentas, cuando escribes ya no eres un extraño. Eres alguien que "ya había visto por ahí".
Ese es todo el secreto — y es justo lo que nadie puede sostener a mano. Hacer eso con 30 personas al día, todos los días, en tres redes sociales, es imposible sin ayuda. Se necesita una máquina que lo haga con paciencia humana: tiempos distintos, mensajes distintos, comportamiento variado.
Así construimos Hunter Game. No un bot que dispara mensajes: un prospectador incansable que se comporta como una persona y trabaja mientras tú duermes, atiendes clientes o entrenas a tu equipo.
Hunter game